Vende tu auto
Industria

Autos conectados: ¿qué datos recopilan y con quiénes los comparten?

En un mundo cada vez más digitalizado y menos presencial, los autos están conectados a Internet, cuentan con cámaras, sensores y aplicaciones que generan grandes cantidades de información. Un estudio reciente vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que será cada vez más relevante: ¿qué ocurre con todos esos datos una vez que salen del automóvil?

Autos conectados: ¿qué datos recopilan y con quiénes los comparten?

Hace algunos años, pensar en un automóvil como un computador sobre ruedas podía parecer una exageración. Hoy, sin embargo, los vehículos modernos cuentan con procesadores, sistemas operativos, pantallas, conexión a internet, cámaras, sensores y aplicaciones que permiten realizar funciones que antes estaban reservadas a los teléfonos y otros dispositivos electrónicos.

Esa evolución ha permitido desarrollar servicios que mejoran la experiencia de conducción, desde navegación y asistencia remota hasta actualizaciones de software y funciones de seguridad. Pero también ha generado una nueva preocupación: la cantidad de información que los vehículos pueden recopilar sobre sus conductores y pasajeros.

Un estudio realizado por investigadores de la Northeastern University y Consumer Reports vuelve a poner el tema en el centro de la discusión. La investigación examinó 21 vehículos pertenecientes a 19 marcas y encontró patrones de comunicación con anunciantes y sistemas de seguimiento, además de intercambio de datos con compañías tecnológicas.

El auto como fuente de información

Un vehículo conectado puede generar mucha más información que la necesaria para saber dónde se encuentra.

Dependiendo de la marca, el modelo y los servicios habilitados, los sistemas del automóvil pueden registrar datos relacionados con la ubicación, los desplazamientos, el funcionamiento del vehículo y determinadas acciones realizadas durante la conducción.

Entre la información que puede ser recopilada se encuentran datos como velocidad, aceleración, frenadas, dirección de desplazamiento y ubicación precisa. También existen vehículos equipados con cámaras exteriores e interiores capaces de generar imágenes y sistemas que registran la interacción del usuario con las funciones digitales del automóvil.

En otras palabras, el automóvil deja de ser solamente un medio de transporte y pasa a convertirse también en una fuente permanente de información.

Esto tiene una explicación práctica. Los fabricantes utilizan parte de esos datos para desarrollar y mejorar productos, perfeccionar sistemas de asistencia, analizar el funcionamiento de determinadas funciones o entregar servicios conectados. El problema aparece cuando esa información puede llegar a terceros o utilizarse con objetivos diferentes a los que el propietario del vehículo podría imaginar.

El papel de las aplicaciones

Actualmente, muchas marcas ofrecen aplicaciones móviles que permiten conocer la ubicación del vehículo, comprobar su estado, controlar determinadas funciones a distancia o acceder a información relacionada con el mantenimiento.

Según el estudio, estas aplicaciones pueden ampliar el número de comunicaciones y rastreadores asociados a la experiencia digital del vehículo.

Esto significa que la información puede circular por un ecosistema mucho más amplio: automóvil, teléfono inteligente, aplicación, fabricante y proveedores tecnológicos.

Para el usuario, muchas veces la experiencia parece sencilla. Se descarga una aplicación, se conecta con el automóvil y comienza a utilizar sus funciones. Detrás de esa comodidad, sin embargo, existe una infraestructura digital que procesa información constantemente.

¿Qué interés tienen esos datos?

Los datos generados por un vehículo conectado pueden tener distintos usos. Para un fabricante, conocer cómo utilizan los clientes determinadas funciones puede servir para mejorar futuros modelos o actualizar el software. También puede ayudar a detectar problemas, desarrollar nuevas funcionalidades o entender las preferencias de los usuarios.

Pero la información relacionada con la conducción también puede resultar interesante para otras industrias. Los datos generados por automóviles y teléfonos pueden incluir información sobre velocidad, ubicación, frenadas, aceleraciones y otros patrones de conducción. La publicación también ha señalado casos en los que compañías automotrices han compartido información con empresas relacionadas con seguros o intermediarios de datos.

Aquí aparece una de las principales interrogantes: ¿hasta dónde llega el consentimiento de los dueños cuando aceptan los términos y condiciones de un servicio conectado?

El desafío de entender qué se está aceptando

Uno de los problemas de la privacidad digital es que la autorización suele estar escondida detrás de extensas políticas de privacidad.

Un conductor puede aceptar las condiciones necesarias para activar una aplicación sin necesariamente conocer en detalle qué información será recopilada, durante cuánto tiempo se almacenará, para qué será utilizada o con qué terceros podrá ser compartida.

Este problema no es exclusivo de los automóviles. Los teléfonos inteligentes, computadores y otros dispositivos conectados enfrentan desafíos similares.

Sin embargo, el automóvil tiene una particularidad: puede conocer aspectos muy concretos de nuestra vida cotidiana. Puede saber dónde comenzamos el día, qué lugares visitamos, cuánto tiempo permanecemos en determinados sitios y cuáles son nuestros recorridos habituales. Si además incorpora cámaras y otros sensores, la cantidad y variedad de información puede aumentar considerablemente.

Una industria que enfrenta una nueva discusión

La transformación tecnológica del automóvil está lejos de detenerse. La llegada de vehículos definidos cada vez más por el software significa que la cantidad de datos generados probablemente continuará aumentando.

La propia industria ya utiliza esa información para desarrollar nuevas funciones y mejorar la experiencia de los usuarios. Al mismo tiempo, investigadores y organizaciones de consumidores están poniendo mayor atención en la forma en que esos datos son recopilados y compartidos.

El estudio de Northeastern University y Consumer Reports, por ejemplo, identificó tráfico hacia anunciantes y sistemas de seguimiento durante las pruebas realizadas en vehículos y aplicaciones asociadas.

Esto no significa que todos los fabricantes recopilen o utilicen exactamente la misma información. Las políticas, tecnologías y configuraciones pueden variar considerablemente entre marcas y modelos. También existen diferencias según el país y la legislación aplicable.

Por eso, el desafío para los consumidores pasa también por conocer las condiciones específicas de los servicios que utilizan.

Del auto conectado al auto consciente de nuestra vida digital

La conectividad ha cambiado profundamente la relación entre las personas y sus vehículos. Funciones como navegación en línea, diagnóstico remoto, asistencia de emergencia, actualizaciones inalámbricas y control mediante el teléfono aportan beneficios concretos y son parte de la evolución tecnológica del automóvil.

Pero esa comodidad tiene una consecuencia inevitable: el vehículo genera y transmite información.

La pregunta que comienza a cobrar importancia ya no es solamente qué tan conectado está un automóvil, sino qué ocurre con los datos que produce.

A medida que los vehículos incorporen más cámaras, sensores, asistentes digitales e inteligencia artificial, la discusión sobre privacidad tendrá que ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de la industria automotriz.

El automóvil del futuro probablemente será capaz de hacer muchas más cosas que uno actual. Y, al mismo tiempo, también tendrá una capacidad mucho mayor para conocer cómo lo utilizamos.

Por eso, mientras la industria avanza hacia vehículos cada vez más inteligentes y conectados, uno de los grandes desafíos será encontrar el equilibrio entre innovación, servicios personalizados y protección de los datos de quienes están detrás del volante.