Yo creo que muchos han escuchado distintos mitos o historias que no siempre cuentan toda la historia con respecto a las baterías, al litio y a la producción de autos eléctricos. Que los autos eléctricos contaminan en el momento que son fabricados o que las baterías también contaminan, que no se pueden reciclar, que su vida útil es corta, entre otros.
Y como hoy la demanda de litio se ha disparado principalmente por la producción de autos eléctricos, es que decidimos participar de este conversatorio donde se trataron estos temas y muchos más. La instancia, denominada “El valor del litio nacional para el desarrollo de la electromovilidad mundial”, organizado por Novandino Litio y Volvo Cars Chile, reunió a representantes de ambas compañías para abordar el vínculo entre la producción de litio y la movilidad eléctrica, así como las oportunidades que tiene Chile para desempeñar un rol estratégico en esta transformación.
Salar Futuro, como punto de partida

Para la minera química, esta discusión comienza mucho antes de que el litio llegue a una batería. El desafío está en responder a una demanda creciente por este mineral crítico, aumentando su producción y, al mismo tiempo, haciendo un uso cada vez más eficiente de los recursos naturales.
“El proyecto Salar Futuro nos desafía a cómo producir más con menos, pero llevado al máximo. Estamos en un momento en el que necesitamos innovaciones y tecnologías, bien utilizadas en otras industrias productivas, para llevarlas a la salmuera del Salar de Atacama, que cuenta con procesos distintos. Es un gran desafío, pero en Chile somos capaces de extraer menos, produciendo más”, explicó Julio García, gerente de Medioambiente de Novandino Litio.
Desde Volvo Cars Chile, el foco está puesto en que la evolución tecnológica vaya acompañada de una mirada integral sobre el ciclo de vida de las baterías.

“La batería es uno de los componentes fundamentales de un vehículo eléctrico, pero el desafío hoy va mucho más allá de alcanzar una mayor autonomía. Tenemos que avanzar también en seguridad, durabilidad y eficiencia, entendiendo qué ocurre con esa batería durante todo su ciclo de vida. Eso significa mirar desde los materiales que utilizamos hasta las posibilidades de reutilización y reciclaje”, señaló Patricio Norambuena, Encargado de Electromovilidad de Volvo Cars Chile.
La mirada sobre la sostenibilidad de la cadena también plantea desafíos a partir del origen de los materiales que hacen posible la electromovilidad. Desde su vereda, Novandino Litio busca abordarlos a través de Salar Futuro, proyecto que busca extender las operaciones en el Salar de Atacama hasta 2060 mediante nuevas tecnologías y mayor eficiencia. La iniciativa contempla una inversión cercana a US$3.000 millones y proyecta una producción anual de entre 280 mil y 300 mil toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) entre 2031 y 2060, bajo una premisa central: aumentar la producción sin incrementar la extracción de salmuera ni el uso de agua continental.
Esta visión adquiere especial relevancia frente al crecimiento de la electromovilidad en Chile. De acuerdo con cifras de la Agencia de Sostenibilidad Energética y la Asociación Nacional Automotriz (ANAC), las ventas de vehículos enchufables han registrado un crecimiento anual promedio de 66,4% entre 2021 y 2026, pasando de 929 unidades en 2021 a 11.839 en lo que va de este año. Durante 2026, además, ya se superó el total comercializado en todo 2025.
Chile cuenta, además, con una posición estratégica para responder a esta transformación: produce cerca del 20% del litio mundial posicionándose en tercer lugar en el mundo, mientras que alrededor del 70% de la demanda global de este mineral se destina a vehículos eléctricos. A ello se suma la disponibilidad de cobre y una matriz eléctrica con creciente participación de energías renovables.
Del litio a la batería: avanzar en toda la cadena

El crecimiento de la electromovilidad también está elevando las exigencias sobre las baterías. Mientras las tecnologías NCM (Niquel, Cobalto y Manganeso) permiten mayor densidad energética, menor peso y autonomía, las LFP (Litio Ferrofosfato) destacan por su estabilidad térmica, vida útil y cantidad de ciclos de carga, además de menores costos de fabricación.
Otro punto de conversación estuvo precisamente en avanzar hacia modelos de economía circular. Una vez terminada su vida útil automotriz, las baterías pueden encontrar nuevas aplicaciones, como sistemas de almacenamiento energético, antes de llegar al reciclaje, proceso que permite recuperar materiales como litio, níquel, manganeso y cobalto para reincorporarlos potencialmente a nuevos ciclos productivos.
Es bueno señalar que las baterías han mejorado muchisimo. Ya no hay plomo o químicos en las baterías más avanzadas y todos los metales que emplean se pueden reutilizar. Incluso, los módulos de cada batería se pueden reemplazar y eventualmente reacondicionar, por lo que no es necesario deshechar una batería, más que repararla. Durante el conversatorio se habló del recall recibido por el Volvo EX30, con problemas en una partida de sus baterías, culpa de una holgura mal medida en uno de los módulos de las baterías, las que son fabricadas por CATL o LG Chem, según el caso. El módulo se reemplaza y las piezas defectuosas se devuelven a la fábrica donde son reacondicionadas y ajustadas.
¿Miedo a su duración? Al parecer, las marcas de auto fueron muy conservadoras y se sabe que autos eléctricos bien conservados, pueden llegar a los ocho años con sus baterías aun en excelentes condiciones para mantener, por lo bajo el 80% de su capacidad. Incluso hablamos de como un diseño modular de baterías podría significar reemplazar o mejorar piezas de baterías más viejas para mejorar la autonomía y capacidad de modelos eléctricos más antiguos.
Finalmente lo que queda es poder seguir conversando, ir revelando los secretos tras esta cadena de producción, independiente si eliges o no un auto eléctrico, porque se siente bien saber de que hoy