La carrera por la próxima generación de baterías comienza a entrar en una etapa decisiva. Chery Group, matriz de Omoda | Jaecoo, anunció recientemente una inversión cercana a US$1.500 millones para profundizar el desarrollo de baterías de estado sólido, con la participación de alrededor de 1.200 ingenieros y nuevas fases de validación previstas a partir de 2027.
El anuncio se produce en momentos en que la industria automotriz mundial avanza desde las pruebas de laboratorio hacia procesos de verificación e industrialización de una tecnología considerada clave para el futuro de la electromovilidad. Su objetivo es resolver algunos de los principales desafíos actuales: almacenar más energía, reducir peso, elevar los estándares de seguridad y extender la autonomía de los vehículos eléctricos.
A diferencia de las baterías de ion-litio convencionales, las de estado sólido reemplazan el electrolito líquido por materiales sólidos. Este cambio abre la posibilidad de alcanzar densidades energéticas considerablemente mayores y desarrollar baterías más compactas y livianas.
En términos prácticos, esto permitiría avanzar en dos direcciones: aumentar significativamente la autonomía o mantener rangos similares a los actuales con baterías de menor tamaño y peso. Ambas alternativas apuntan a una mayor eficiencia energética y a un mejor aprovechamiento de los recursos.
Chery Group ya ha presentado desarrollos con densidades energéticas de hasta 600 Wh/kg y autonomías teóricas que podrían situarse entre 1.300 y 1.500 kilómetros bajo determinadas condiciones, reflejando el potencial que la compañía identifica en esta nueva generación de almacenamiento energético.
No obstante, el desafío no pasa únicamente por alcanzar mejores cifras. La industria trabaja hoy en resolver aspectos críticos como durabilidad, estabilidad, costos y capacidad de producción a gran escala. El verdadero salto tecnológico ocurrirá cuando estas baterías puedan fabricarse de manera segura, consistente y competitiva.