El 2CV es probablemente el auto más relevante en la historia de Citroën. Por supuesto que la marca de los chevrones nos ha regalado muchos modelos que han sido piedras angulares de la evolución tecnológica de la historia automotriz. El Traction Avant, por ejemplo, fue el primer auto de la historia en ser producido masivamente con tracción delantera y carrocería monocasco, así como más adelante revolucionaron todo lo que tenía que ver con suspensión gracias a la tecnología hidroneumática. Con el mismo circuito hidráulico también hicieron enormes avances en accionamiento mecánico de auxiliares y transmisión. También nos regalaron los primeros focos que giraban con la dirección, misma que además contaba con el sistema DIRAVI, el primer esquema de dirección con desmultiplicación variable y centrado automático. Y a todo esto hay que sumar el primer uso de frenos de disco de serie.

Pero el 2CV, al igual que el Mini o el Escarabajo, fue un auto único, que le dio movilidad al pueblo francés y luego a todos los países donde el modelo se exportó o incluso, fabricó, como Chile, donde la transformamos en un "sedán" y la apodamos afectuosamente "Citroneta". En producción desde 1948 hasta 1990, el 2CV es el único auto al que la marca francesa puede recurrir para resignificar su posicionamiento dentro del ecosistema Stellantis: volver al origen, a esos autos que más allá de la vanguardia, fueron ingeniosos y audaces.
Los valores del 2CV en la era moderna

Primero, este 2CV debe ser un auto tan compacto como el original. Y como pocas veces sucede, su largo de 3,76 metros, es inferior a los 3,85 metros del original. Lo segundo tiene que ver con su precio, una barrera fuerte en la adopción de la electromovilidad. Cuando este modelo se estrene en su versión de producción durante el 2028, su precio debería estimarse en los 15 mil euros, lo cual es tremendamente razonable para muchos hogares.
Lo segundo tiene que ver con su construcción. Porque el 2CV era un auto carrozado y funcional, pero tenía que ser ligero, robusto y simple para que fuera fácil de usar y reparar. En este caso, Citroën apuesta por no pasarse de una tonelada, lo que debería ayudar en su rendimiento: si es liviano, se necesita menos esfuerzo para mover el auto y eso redunda en baterías más pequeñas y más accesibles.
También el modelo contará con materiales reciclados o reciclables, piezas más simples como el contorno plano del parabrisas, de diseño plano y tenso. El parachoques sobresale de la carrocería y eso nos lleva a los tiempos donde los autos eran menos integrados: uno solo reemplazaba el parachoques en caso de choque, en lugar del frontal completo.
Diseño icónico

El 2CV tiene una silueta y códigos que si bien son resultado de su construcción, pasaron a ser elementos distintivos. Por ejemplo los paneles de metal corrugado o las entradas de aire bajo el parabrisas, así como las manillas clásicas y los focos que sobresalen de los pasos de rueda acampanados. Quizás no son necesarios en tiempos como hoy, pero cuando uno trae de regreso a un ícono, lo trae completo, incluyendo estos elementos nostálgicos que en algunos casos siguen siendo funcionales: por lo mismo este 2CV no tiene manillas retráctiles o lujos complejos en su interior.
El color, que luce naranjo, es un tono tornasol (Infra Red) que se eligió para homenajear a la paleta de colores vivos que el 2CV tuvo a lo largo de su historia. Incluso, quienes son dueños de 2CV y los han restaurado, muchas veces han elegido colores vivos para personalizar los suyos.
Y por supuesto, el portalón de color negro con manilla física (y posición asimétrica de la patente con el logo), el techo de lona, las llantas de acero y los neumáticos con la firma vintage de Michelin, completan el paquete. Lo único que ha escapado de la imaginería retro son las luces traseras con tecnología LED, muy finas y bordeando el parabrisas trasero, casi escondidas, como para no entorpecer el look.
Interior simple, funcional, alegre y muy espacioso

Hay muchas cosas que no vamos a ver en el modelo de producción, como el interior con degradé amarillo a blanco, pero otras, estamos seguros que sí. Hay tres elementos desmontables que sirven para hacer vida al aire libre como el sistema de audio "Radioën" que se asemeja a una radio vintage, la banqueta delantera y el compartimiento portaobjetos central, que técnicamente es un canasto.
El cuadro de instrumentos se resumió a un volante de un brazo, como en los Citroën antiguos, con apenas algunos comandos físicos para manejar lo esencial. Al frente, una pantalla tipo HUD recrea el velocímetro tipo "tambor" del GS y al centro, aparece un panel táctil digital de 8" con el sistema multimedia y con gráficas estilo comic, cortesía de Jean-Luc Delvaux, dibujante de cómics belga y gran fanático del 2CV

La tapicería tipo "tartán" que reviste a las banquetas, con cojines diseñados bajo el ya conocido programa Citroën Advance Confort, es un guiño a una tapicería usada en los 2CV entre 1953 y 1990, mientras que las puertas, que se abren con un sencillo tirador, ocultan un compartimiento diseñado para poder llevar huevos, haciendo nuevamente una referencia a la idea original del 2CV: poder llevar una canasta de huevos sin que se rompa.
Otros dos detalles curiosos son una guirnalda de luces para el techo y la adición de un sistema de "Gemelo Digital" para los neumáticos desarrollado con Michelin, el cual puede monitorear el estado de los neumáticos y adaptar su comportamiento según el terreno donde se transita.
¿Y como se va a mover?

La marca no ha dicho cuál será la potencia o la autonomía del 2CV, aunque de seguro será mucho más que los 9 Hp que tenía el modelo original. No sería de sorprenderse que sus especificaciones fueran similares a las de otros modelos compactos europeos como el nuevo Renault Twingo. Esto significa que su batería debería andar entre los 25 y 30 kWh y su autonomía debería andar entre los 250 y 275 kilómetros, con un motor que no supere los 100 Hp.