
Los principales fabricantes automotrices estadounidenses, General Motors, Ford y Stellantis, han sido muy claros respecto a las posibles consecuencias del arancel de 25% que la administración Trump ha impuesto a a los vehículos fabricados fuera de Estados Unidos.
La imposición de aranceles conlleva un aumento significativo en el costo de producción y, por lo tanto, se verá reflejado en el precio final al público.
En un intento por frenar el caos de esta iniciativa, el presidente Donald Trump acordó posponer durante un mes la imposición de dicho arancel, según informa Reuters. Este acuerdo fue resultado de una llamada telefónica entre el mandatario y los altos mandos de GM, Ford y Stellantis.
Las consecuencias no se han hecho esperar, pues las 3 grandes marcas de Detroit han resentido dicha incertidumbre mostrando una caída visible en la Bolsa.
Como era de esperarse, el sindicato de trabajadores automotrices (Union Auto Workers), mediante su líder, Shawn Fain, expresó abiertamente su apoyo a los aranceles, pues esperan recuperar para Estados Unidos la producción que ahora se lleva a cabo en México y Canadá.
La intención de Donald Trump es clara: busca beneficiar directamente a la industria automotriz estadounidense, sin tomar en cuenta las implicaciones de aumentar el costo en la producción, lo que sin duda provocará un alza de precios que no será bien recibida por los consumidores locales.
A un par de días del inicio de esta medida, se espera una reunión de emergencia entre el presidente y los CEOs y presidente de GM, Ford y Stellantis, en ella se decidirá si el futuro de los 3 grandes de Detroit sigue tan incierto como hasta el momento.