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Test drive: Volkswagen Scirocco GTS 2017

El esperado regreso del coupé alemán llega de la mano de una sigla perdida en el tiempo. El Scirocco GTS tiene la deportividad de un GTI, pero con más estilo y glamour.

Test drive: Volkswagen Scirocco GTS 2017

Se hizo esperar el Volkswagen Scirocco, un modelo emblemático para la marca alemana por su historia, deportividad y aspiracionalidad. Pero ya está en Chile, ofreciéndose en tres versiones, con potencias de 160 y 211 Hp.

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Y con el coupé compacto regresa también la sigla GTS, letras perdidas desde principios de los años 80, cuando Volkswagen se las regaló como una forma de emparejarlo en deportividad con el Golf GTI.

En este caso, el Scirocco GTS busca aprovechar el espacio existente entre el coupé convencional y la versión R, poniéndose en un hipotético lugar que ocuparía una versión GTI, en caso de existir.

El GTS ofrece una mecánica poderosa y agresiva, además de un paquete exterior R-Line y mucho equipamiento, con el fin de complementar la oferta del Golf GTI y rivalizar en serio con los pocos hot hatch existentes en el mercado chileno: los Renault RS Clio y Mégane, los Peugeot GTi 208 y 308, y los Opel OPC Corsa y Astra.

El Volkswagen Scirocco se vende por $14.990.000 para la versión 1.4 TSI con caja mecánica, $16.490.000 para la variante automática, y por $21.990.000 para el Scirocco GTS.

 

Características técnicas y mecánicas

El Scirocco que se vende en Chile no es nuevo para nada, aunque comercialmente lo sea. Estamos en presencia de una plataforma con ocho años de antigüedad, ya que el modelo fue lanzado en 2008 y actualizado en 2014. Digamos que es la misma base que utilizaba el Golf de dos generaciones atrás, y aun así se percibe como si fuera moderna y actual.

Sobre esta plataforma se instaló el motor 2.0 TSI, un cuatro cilindros turboalimentado que eroga 211 caballos de fuerza a 5.300 rpm y 280 Nm de par entre 1.700 y 5.200 vueltas.

Asociado a una caja automática DSG de doble embrague y seis marchas (nuevamente, la variante más antigua de esta transmisión), que envía el par al eje delantero, el Volkswagen Scirocco GTS acelera de 0 a 100 km/h en 6,9 segundos y alcanza una velocidad máxima de 240 km/h.

No son cifras realmente buenas. Un Clio RS llega a 100 km/h en 6,7 segundos, y eso que es más barato y tiene 11 Hp menos. Y un 308 GTi, similar en precio, para el cronómetro en seis segundos.

Por tamaño, el Scirocco es un compacto que mide 4.256 mm de largo, 1.810 mm de ancho, 1.406 mm de alto y tiene entre ejes 2.575 mm, nada lejos de modelos como el 308 GTi, el Mégane RS y el Astra OPC.

Desde sus orígenes que el Scirocco ha lucido un diseño poco convencional, lo que le ha ganado tantos admiradores como detractores. Esta generación nacida en 2008 se muestra musculoso, bien plantado, con un capó largo y un habitáculo que se estrecha hacia atrás de tal manera, que deja los pasos de rueda sobresaliendo para ganar postura.

Ahora, si nos remitimos específicamente a la versión GTS, no hay grandes diferencias estilísticas respecto del resto de la gama. Llantas aro 18 de distinto diseño, parachoques más agresivos, un splitter delantero, extensiones en la parte baja, difusor y spoiler trasero. También unas bandas adhesivas en la carrocería que recorren el capó y el techo.

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Confort y habitabilidad

La habitabilidad es el punto débil del Scirocco, pero eso es la norma en prácticamente todos los coupés del mercado. No es grande ni especialmente cómodo para los acompañantes. Digamos que las plazas traseras son meras espectadoras de lo que ocurre por adelante.

Sin embargo, con algo de generosidad, dos niños pequeños pueden viajar ahí (no hay tres cinturones), ya que no necesitan ni espacio para sus piernas ni lugar para la cabeza. Y se pueden contornear lo suficiente como para ingresar ahí sin reclamar en exceso.

El maletero tampoco es generoso, aunque no destiñe. El problema aquí es que la boca de carga es pequeña y la base está tan profunda, que hay que doblarse entero para sacar algo de allá abajo.

Las plazas delanteras, en cambio, son todo lo que un conductor demandaría a su hot hatch. Los asientos son abutacados y afirman bien el cuerpo, hay ajuste en altura para poder llevar la base lo más abajo posible (según mi propio gusto personal), y el volante, pequeño y de excelente tacto, que justo frente a los brazos.

La visibilidad es buena para adelante y pésima hacia atrás, eso es un hecho. Por eso se extraña tanto una cámara de visión posterior (sí tiene sensores).

La materialidad del Scirocco es buena como suele serlo en todos los Volkswagen “made in” Europa: plásticos de tacto suave mezclados acertadamente con otros más firmes, algunos elementos cubiertos de cuero y otros hechos en aluminio, y todo ensamblado con mucha dedicación.

¿Equipamiento? Mucho, pero no superlativo como podría esperarse. Luces bixenón con iluminación en curva, neblineros, sunroof, asientos eléctricos calefaccionados y tapizados en cuero, radio con pantalla táctil de 6,5”, con bluetooth y entrada USB, volante multifunción, climatizador bizona, sensor de lluvia, keyless, control crucero, sensores delanteros y traseros.

Y en seguridad, seis airbags, controles de tracción y estabilidad, bloqueo electrónico de diferencial y asistente de partida en pendientes, entre lo principal.

¿Qué falta? La cámara de retroceso, el navegador GPS, la conectividad con Apple CarPlay y Android Auto, entre lo básico. Asistencias a la conducción del tipo sensor de punto ciego y aviso de cambio de carril, entre lo sofisticado.

 

Impresión de manejo

El Volkswagen Scirocco es ante todo un auto divertido de conducir. No es funcional ni pretende serlo, no es pretencioso, aunque lo logra por momentos, y no es confortable, aunque no genera reclamos por esto.

Es un auto que entusiasma porque el conjunto motor/caja/chasis permite llevarlo con soltura en un camino de curvas, sentir algo de nervio cuando subvira levemente, y volver a sonreír cuando se pisa el pedal nuevamente y el Scirocco emprende la marcha.

Las suspensiones multilink copian bien las irregularidades del asfalto, pero son algo ásperas en caminos rotos o con baches. Nada anormal en un deportivo, aunque en el día a día podría cansar a pieles más sensibles.

La dirección es sensacional, muy rápida y precisa. En zonas de curvas va bien balanceado, con escaso rolido y mucho aplomo (ese notable tacto Volkswagen), especialmente cuando se pisa el acelerador a la salida de una curva más cerrada. El comportamiento es neutro, sin reacciones raras ni imprevistas, fácil de llevar por cualquiera, y esa es una gracia.

El bloque 2.0 TSI es agradable en su funcionamiento, y con la caja DSG parecen siameses trabajando hombro con hombro. La DSG es rápida y permite pasar marcha a gran velocidad sin perder fuelle, pero es más efectiva aún en los rebajes con las levas, generando de paso un sonido que entusiasma.

El motor no es agresivo, sino más bien progresivo. Acelera mucho en un amplio rango de revoluciones y, como dijimos, trabajando con la caja es capaz de alcanzar 200 km/h en pocos segundos.

 

Conclusión

El Volkswagen Scirocco GTS 2017 es un auto que vale cada peso que se paga por él, siempre y cuando lo que se busca es diversión conductiva y no necesariamente confort.

Puede ser áspero de manejo en la ciudad, en calles rotas o con baches, pero es sumamente divertido en autopistas y carreteras de curvas.

No es funcional pensando en la familia, y tampoco cuenta con un equipamiento de vanguardia. Pero tiene casi todo lo que se pide a este nivel de precio, y la calidad constructiva es de primera.

¿Vale la pena pagar tanto por un auto con tantos años a cuesta? En este caso, sin duda. Es viejo, cierto, pero no se nota para nada. Digamos que es un Golf de última generación con una clara vocación deportiva. Y en ese apartado, cumple.

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