Test Drive: Citroen C3 Feel 1.6 BlueHDi 2017
06-06-2017 Reportes de Manejo

Test Drive: Citroen C3 Feel 1.6 BlueHDi 2017

El Citroen C3 sigue los pasos del C4 Cactus, en un formato más pequeño y urbano. Alegre, fresco y moderno, es una propuesta distinta en el segmento B, pero que encanta tanto por su mecánica por su propuesta.

Así como a Peugeot le toco hace unos buenos años atrás, el proceso de “regeneración” para Citroën se dio con la sucesión de tres hitos. Lo primero fue el debut del C4 Cactus, un modelo que nuevamente pondría a Citroën en la mira de los flashes, con su inusual diseño exterior y algunos inéditos lineamientos en diseño que se dejarían caer de a poco en su line-up. Luego podemos hablar de la independencia de DS como marca, lo que liberaría a la firma francesa para dedicarse a un lenguaje de estilo determinado y finalmente, el arribo del nuevo C3 como un modelo de volumen y que haga de gancho al renovado universo de Citroën.

¿Y cómo es este universo? Si Peugeot es la marca elegante y sofisticada del grupo, Citroën es la marca alegre y fresca. Es cosa de observar un par de minutos al nuevo C3 y destacar su paleta de colores, el conjunto lúdico de su interior, su mecánica alegre y económica, además de un estilo que coquetea con la idea de un crossover, apuntando directamente al corazón de los millenials y de quienes quieren atreverse un poco más en las calles.

 

Viva la revolución

Si nos vamos hacia atrás, al 2002, el Citroën C3 originalmente se creó como una alternativa en el segmento B, pero de estilo más cercano a un monovolumen. Aun así, su carrocería redondeada, de alguna manera trataba de citar a la clásica 2CV, pero no era un formato muy común. Citroën, al igual que Peugeot, se habían saltado este segmento, y antes del C3 las opciones eran, o un Saxo o un Xsara; o un AX y un ZX.

El C3 de esta generación, como pariente cercano del 208, ofrece una propuesta distintiva y única. Esto queda de manifiesto en los parachoques con amplias defensas plásticas -tipo crossover-, las guarniciones de los pasos de rueda y lo obvio, los curiosos, pero también originales AirBumps, un desarrollo al más puro estilo Citroën que busca no solo hacer lucir al auto más robusto, sino que, en la práctica, evitar los abollones y de paso, ser un recurso de estilo con el cual asociar a la marca. Otros detalles estéticos están en los ópticos LED frontales, con los proyectores separados en un módulo más secundario y la fina parrilla con el logo, elementos que nos llevan a la línea Picasso y que como gráfica y como rostro, lo hacen inmediatamente identificable como un modelo de la casa de los chevrones. Le sumamos los pilares negros (que otorgan una sensación de techo flotante) los focos traseros estilo 3D, las llantas bicolor de 16’’ y tenemos por resultado un auto que es vanguardista, pero que, por sus simpáticas proporciones y curvas, se hace amistoso y fácil de querer. Un loco lindo.

Sobre sus dimensiones, el Citroën C3 mide 3996 mm de largo, 1749 mm de ancho y 1474 mm de alto, con una batalla de 2540 mm, unas centésimas de milímetro más que en el 208, lo que lo pone como uno de los más grandes del segmento, si bien, cuando lo pongas de lado a lado con un Fabia o un Fiesta, no será muy aparente, salvo quizás por altura. Su maletero de 300 litros es bastante suficiente para el segmento y ante cualquier cosa, puedes plegar los asientos para generar un volumen mucho más amplio.

 

Advance Comfort

Citroën hace bastante hincapié en su propuesta de interior, la que persigue un ambiente espacioso y acogedor, que toma notas y esquemas desde la arquitectura y marroquinería, conceptos estrenados en el C4 Cactus. Así, el C3 luce tradicional y a ratos un poco retro en su configuración de consola, pero con un sin números de detalles frescos y originales. El diseño de los asientos, casi como si fueran sillones modernos, la consola alargada hasta los extremos de las puertas como si fuese un rack o los rectángulos redondeados que predominan como grafica principal (y que son citas al concepto de los AirBumps) y los tiradores de las puertas, como manillas de una maleta, entregan un estilo muy particular y muy bien pensado, pero que no cae en las extravagancias de los Citroën del pasado, salvo quizás por la pantalla vertical del sistema multimedia (táctil de 7" con sistema operativo NAC), de donde comandamos el computador de viaje, sistema de audio, climatizador y navegador (en las versiones Shine), todo de manera sencilla y con atractivas tipografías, colores y gráficas. 

Cosas que no nos gustan tienen que ver con la pantalla LCD que va entre los relojes del sinóptico, algo anticuada y la gran cantidad de plásticos duros. Entendemos que no es un segmento de lujo, pero cuando la materialidad de los rivales sube, uno tiende a pedir más. Los asientos traseros también se perciben un poco más duros que los delanteros, para tener ojo, así como las nefastas perillas para reclinar los asientos delanteros, en lugar de manillas más cómodas. La pantalla del sistema multimedia también podría haber estado ubicada un poco más arriba, en pos de la ergonomía.

En cuanto a equipamiento, al modelo Feel que estamos probando, no le falta nada de lo importante. Climatizador electrónico, comandos al volante, computador a bordo, cristales y espejos eléctricos (calefaccionados), sistema de audio con Bluetooth y USB, focos LED, llantas de 16'', 4 Airbags, anclajes ISOFIX, frenos ABS (con repartidor de frenada y asistente de frenado en emergencia), control de estabilidad, monitor de la presión de los neumáticos, alerta de cansancio y control crucero, entre lo principal, conforma un paquete bastante sólido. Sobre el nivel Feel, está el acabado Shine, que añade techo bicolor, SmartKey, vidrios tinteados, MirrorLink, navegador GPS, cámara y sensores traseros de retroceso, encendido automático de luces y limpiaparabrisas, espejo interior electro cromático, volante de cuero, 6 Airbags, alerta de cambio de carril y la reconocida cámara frontal ConnectedCam que permite grabar videos y fotos en ruta desde el parabrisas hacia adelante.

 

Motivado para todo

Citroën por ahora oferta al C3 con dos propulsores, donde nuestra unidad equipa la motorización diésel, un 1.6 BlueHDi (Turbo, Inyección Directa) de 75 Hp y 233 Nm, con caja manual de 5 velocidades y sistema Start&Stop. Despierto desde las 1750 RPM, muy torquero y de andar holgado, nunca se siente falto de energía, llevándose muy bien con la transmisión de 5 velocidades. Si hay que adelantar, hacer alguna maniobra compleja o sencillamente apurar el ritmo, los 75 caballos de fuerza parecen ser 75 caballos bien musculosos. Si a esto le añadimos que es un auto con una muy buena dirección, ágil, ligera y de buen radio, el C3 se transforma en un pequeño pero muy habilidoso compacto de ciudad, que sabrá ganarse los espacios de cada rincón urbano.

Pero como no todo es perfecto, debemos notar que el esquema de suspensión trasero con eje rígido deformable le quita algo de suavidad al andar. Mientras el tren delantero es correcto, se percibe cierta sequedad del tren trasero, lo que le resta confort. Ojo también con la estabilidad lateral, la que, gracias a un punto de gravedad ligeramente más elevado, haya algo de balanceo, evidente en tramos más sinuosos.

Volviendo a lo positivo, es el consumo, donde, aunque las cifras nos dieron menos que lo homologado, no dejan de ser correctas. Las cifras entregadas por Citroën son de 21,1 km/l en ciclo urbano, 28,7 km/l en carretera y 25,4 km/l en régimen mixto, con variaciones de 2 a 3 km/l aproximado para nuestros consumos (18/19 km/l en ciudad, 22/23 km/l mixto y 25/26 km/l en carretera aproximadamente). De hecho, teóricamente deberías poder hacer un viaje de más de 1000 kilómetros en un solo estanque.

 

Conclusiones

El Citroën C3, en esta versión (1.6 BlueHDi 75 Feel) se oferta a un precio de $11.190.000, un valor bastante atractivo y competitivo para todo lo que se gana. Estamos claros que sus rivales andan cerca, como el Peugeot 208 o el Škoda Fabia (o el Ford Fiesta y el Opel Corsa), además del C4 Cactus, pero hay algo que nos gusta bastante del C3, que es un concepto de producto muy bien acabado, lúdico, con personalidad y muy pensado para la generación actual. Claro, uno podría quejarse quizás de la falta de MirrorLink o de un sensor de retroceso para el acabado Feel, pero después de conducirlo por una semana, prevalece la grata experiencia de manejo.

También se valora el esfuerzo de Citroën y la valentía en reinventar al C3 como un auto completamente nuevo. Económico, amistoso con el medio ambiente y a un precio bastante competente con respecto a sus rivales actuales. Lo mejor, es la honestidad con la que Citroën muestra a su C3, porque claro, quizás su dirección no es tan comunicativa, su motor no es el más agresivo y no trata de ser un auto aspiracional -un compacto disfrazado de auto premium o de deportivo. El Citroën C3 está pensado para ser un compañero de ruta y anécdotas, un auto personalizable, suave de andar, relativamente silencioso, fácil de conducir y que del punto A al punto B te lleve con comodidad y mucha onda. No podríamos pedir más.

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