Test drive

Test Drive Seat Ibiza FR 2020, una propuesta racional

En este hatchback el deportivo diseño exterior nos ayuda a superar la presencia de una planta motriz no tan impetuosa. A simple vista luce como un devorador de asfalto, pero la verdad es que se trata de un Ibiza de espíritu calmo y costumbres citadinas, particularidades que por supuesto serán bien recibidas por un cierto tipo de usuario.

Test Drive Seat Ibiza FR 2020, una propuesta racional

La ausencia de un citycar, como es el modelo Mii que se vende en Europa, convierte de inmediato al Ibiza en el ejemplar que abre la oferta de SEAT en nuestro país. Mucho se ha hablado de esas veces en que la firma española intentó participar en el mercado chileno, por lo que no le daré más vueltas al asunto; lo importante es que ya está aquí y bajo la protección de un respetado importador.

Se trata de un hatchback perteneciente al segmento B, es decir que compite con su primo hermano Volkswagen Polo, además del Hyundai i20, Renault Clio y Mazda2 Sport, entre otros. La marca ofrece cuatro versiones, apellidadas Reference, Style (AT/MT) y FR, siendo esta última el objeto de nuestro análisis; los precios del line up oscilan entre $10.290.000 y $13.590.000.

Ahora bien, ¿qué nos ofrece la variante FR en términos de equipamiento? La verdad es que mucho, tanto así que su propuesta bien puede compararse con la de algunos representantes de un segmento más arriba, ámbito en el que destaca la presencia de faros de ledes delanteros y traseros, llantas de 17”, techo panorámico, sensores de estacionamiento, asistencia de partida en pendiente, pantalla táctil de 6,5”, columna de dirección regulable en dos parámetros, climatizador bizona, control de crucero, alerta de fatiga, controles de estabilidad y tracción, frenos ABS, y airbags frontales y laterales, por nombrar algunos ítems.

Estilo ibérico

Fundado sobre una plataforma modular, la sempiterna base MQB, el Ibiza se presenta con 4.059 mm de largo, 1.780 mm de ancho, 1.444 mm de alto y con una distancia entre ejes de 2.564 mm. El español es un milímetro más corto que el Mazda2 Sport y tiene seis milímetros menos de batalla que el mentado modelo; claro que el SEAT ofrece 75 litros más de capacidad en el maletero.

El diseño exterior me parece muy bien logrado, con la cuota exacta de ornamentos y exhibiendo fuertes trazos angulares que le otorgan mucha identidad. El frontal incluye una mascarilla trapezoidal dentro de la que se luce una enorme letra “S”, el sello de este fabricante asentado en Martorell.

El diseño de los flancos es sencillo, pero no por eso menos interesante desde la perspectiva arquitectónica; una línea dinámica en relieve se encarga de acentuar la musculatura de las puertas. Claro que no todo es perfecto, porque para darle continuidad a ese estilo angular la carcasa de los retrovisores termina en punta, lo que reduce la superficie del espejo y, por ende, el campo visual a través de ellos.

La zaga no me causó emoción alguna, ni buena ni mala, siendo un sector que cumple objetivos funcionales pero sin buscar otra cosa, lo que me parece un desperdicio de lienzo… esta obra hispánica podría haberse rematado de mejor manera, y no con esas simplonas luces de posición. Y en la faz de la puerta que brinda acceso al sector de carga está adherida una segunda letra “S”, tan grande como la de proa, por lo que creo que ahí solo bastaba el nombre del modelo, para qué insistir con lo mismo.         

Muy bien terminado

Al abrir las puertas se despliega ante nuestra mirada un habitáculo más amplio de lo que aparenta por fuera, un punto a favor para el Ibiza. En la inspección táctil advertí polímeros acolchados y gomosos, situación que no me sorprendió considerando el árbol genealógico de este modelo; las terminaciones son muy respetables. 

En el puesto de manejo se disfruta de un volante robusto, de una selectora de cambios fácil de operar y de una butaca con marcados bordes laterales que me infundieron mucha seguridad. Es una lástima que las palanquetas que permiten regular la altura del cojín y la inclinación del respaldo sean de una calidad tan discutible… da la idea que se romperán fácilmente.

La banca trasera puede recibir tres viajeros de complexión normal, pensando en la morfología chilena, y en honor a la verdad el descenso del techo no se convierte en un obstáculo para acomodarse en viajes de larga duración, pero sí el lomo central del piso.

Volviendo a los comentarios del cockpit, noté que los instrumentos se leen con mucha facilidad y que la luz del sol no se interpone, ya que el clúster está cobijado por una prominente visera. Claro que esa pantalla táctil de 6,5” desentona con el acento juvenil del habitáculo, por culpa de su diseño poco jugado y porque para colmo de males incluye un par de perillas que la hacen ver pasada de moda… en lo personal no soy fanático de estos dispositivos, pero si están ahí al menos que ayuden a embellecer el ambiente.

La potencia suficiente  

Debo reconocer que cuando vi al Ibiza FR por primera vez, pensé que se trataba de una versión deportiva, con una de esas ágiles plantas motrices que tiene el Grupo Volkswagen. Pero no, mis expectativas no se cumplieron, aunque con el correr de los kilómetros me di cuenta que para mover a este “peso pluma” no se requiere tanto caballaje, y que basta con esos 110 CV erogados por la planta MSI de 1.600 cc que se esconde en el vano frontal.

Que me disculpen los puristas y amantes de los “hot-hatch”, porque lo que preguntaré podría parecerles absurdo, por decir lo menos: ¿para qué tanta potencia si se trata de un automóvil que pasará la mayor parte de su vida útil en tacos urbanos o estacionado? En lo personal me deja satisfecho su look deportivo, con esas hermosas llantas de 17”, pero me gusta mucho más que ofrezca casi 18 km/l de rendimiento en carretera.

En esta versión disponemos de una caja automática de seis velocidades… así es, automática a secas, no una DSG. Es una transmisión secuencial que hace muy bien su trabajo y que no requiere de intervención humana para eso, por lo que el modo tiptronic podemos usarlo simplemente para divertirnos durante el viaje, algo que les recomiendo hacer.

La plataforma es confiable, merced a una suspensión correctamente calibrada en la que se mezclan dos virtudes en idéntica proporción, sintiéndose firme cuando el asfalto es de buena calidad y suave en situaciones no tan favorables. En los caminos revirados la carrocería casi no bambolea, ni siquiera cuando volanteamos de un modo brusco.

La dirección se siente precisa, y a ella nada podemos reprocharle porque posee un feedback extraordinario que nos recuerda que la mano de Volkswagen está involucrada en el desarrollo de este hatchback. Los frenos se muestran tolerantes ante los efectos del calor acumulado en la superficie de los discos, pero si vamos en busca de sus límites notaremos que la eficiencia sobrepasa la media de este segmento; el poder de mordiente parece aumentar frente a las alzas de temperatura, lo que no es habitual.

Conclusiones

Es fácil criticar la presencia de un motor poco moderno, tomando como referencia las unidades motrices a las que podría acceder este fabricante. Pero al Ibiza le bastan esos 110 caballos y también esos 155 Nm de torque, porque pesa menos de 1.600 kilos y cuenta con los servicios de una transmisión automática que demuestra mucha agilidad.

Para requerimientos urbanos está perfecto, al igual que para enfrentar largos viajes por carretera, escenario en el que ya destacamos su rendimiento. No es necesario ser el más veloz del segmento para ganarse un espacio en el mercado, porque lamentablemente esa romántica era de los “geteís” compactos ya pasó, así que no tiene que preocuparse del asedio de ejemplares como el Ford Fiesta ST, Renault Clio RS o Peugeot 208 GTi.  

Lo reconozco, al verlo pensé que el alto performance era la especialidad de esta variante, porque me dejé influenciar por su atrevido exterior. Pero al conducirlo y disfrutar de sus cualidades, como la seguridad que transmite, la excelente insonorización de la cabina y sus muchos aditamentos, entendí que para este hatchback hay cosas mucho más importantes que salir primero cuando el semáforo da la luz verde. Es un producto muy racional.         

Leonardo Pacheco recomienda

¿Qué opinas? Cuéntanos